Hoy quiero compartir un breve texto del libro Inteligencia Emocional (1995) de Daniel Goleman, donde el autor recoge dos experimentos que ponen de manifiesto el alcance curativo del apoyo emocional. Ambas experiencias destacan la importancia terapéutica de poder expresar nuestros sentimientos, miedos, preocupaciones, tristezas y angustias. Lejos de caer en la queja y en la autocompasión, la expresión sincera de nuestras emociones y sentimientos (ya sea de manera escrita o verbal, individual o colectivamente), implica una toma de contacto y asimilación que resultan sumamente liberadores y beneficiosos.

“En Las intrépidas aventuras de Robin Hood, Robin advierte a un joven simpatizante: <<habla libremente y revélanos tus cuitas. El fluir de las palabras apacigua el corazón de quien sufre; es como abrir las compuertas cuando el embalse amenaza con desbordarse>>. Este retazo de sabiduría popular refleja el hecho de que descubrir nuestros sentimientos constituye una excelente medicina para el corazón apesadumbrado. La corroboración científica del consejo de Robin nos la proporciona James Pennebaker, psicólogo de la Universidad Metodista del Sur, quien ha demostrado experimentalmente el efecto beneficioso que conlleva hablar de los problemas que más nos preocupan. El método utilizado por Pennebaker es muy sencillo y consiste en pedir ala persona que dedique quince o veinte minutos cada día, durante cinco días, a <<escribir acerca de la experiencia más traumática de toda su vida>> o de alguna otra situación presente que le resulte especialmente apremiante. Tampoco es preciso que muestre luego a nadie el contenido del escrito puesto que, si la persona lo desea, puede mantenerlo completamente en secreto.

El efecto manifiesto de esta especie de confesión resultó sorprendente, ya que fortaleció la función inmunológica, provocó un descenso significativo en la frecuencia de visitas a los centros de salud durante los seis meses posteriores, disminuyó el absentismo laboral e incluso mejoró la función enzimática del hígado. Del mismo modo aquellas personas cuyos relatos mostraban más sentimientos angustiosos también lograban mejorar el funcionamiento de su sistema inmunológico. Este estudio  ha demostrado que la pauta <<más saludable>> de exteriorización de los sentimientos problemáticos, comienza cargada de tristeza ansiedad e irritabilidad o cualquier otro tipo de sentimiento implicado y a lo largo de los días siguientes, prosigue estableciendo un hilo narrativo que permite dar algún sentido al trauma o al problema en cuestión.

Es evidente que este proceso es equivalente a lo  que ocurre en ciertos tipos de psicoterapia. De hecho, el resultado de la investigación de Pennebaker, explica también la manifiesta mejora clínica de aquellos pacientes que reciben un tratamiento psicoterapéutico adicional frente a quienes sólo son objeto de tratamiento médico.

Es muy posible que la demostración más palpable de la incidencia clínica del apoyo emocional nos la proporcione un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford con mujeres aquejadas de metástasis avanzada de cáncer de mama. Todas las mujeres que participaban en la investigación habían sido sometidas a algún tipo de tratamiento -frecuentemente quirúrgico- tras el cual habían experimentado una grave recaída. Clínicamente hablando, era sólo cuestión de tiempo que el cáncer acabara con sus vidas. El resultado de esta investigación sorprendió a toda la comunidad médica, comenzando por el mismo doctor David Spiegel, el director del estudio, ya que puso de manifiesto que las pacientes que habían recibido apoyo psicológico sobrevivieron el doble de tiempo que aquellas otras que afrontaron sola la enfermedad.
Todas las mujeres recibieron el mismo tratamiento médico y la única diferencia consistía en que algunas de ellas acudían, además, a grupos de encuentro en los que podían sincerarse con otras mujeres que comprendían perfectamente sus problemas y que estaban dispuestas a escuchar sus penas, sus miedos y su impotencia. Éste solía ser el único lugar en el que podían manifestar abiertamente sus emociones porque las personas con quienes convivían tenían miedo de hablar del cáncer y de la inminencia de la muerte. Las mujeres que asistieron a los grupos vivieron un promedio de diecinueve meses más que las otras, lo cual supone un incremento de la esperanza de vida en estos pacientes, superior al de cualquier tratamiento médico.”

Hablar con otra persona, compartir, o simplemente escribir.
Expresar aquello que pesa, respirar profundo.
Sin drama. Desde el corazón.

Procurarse apoyo emocional es una responsabilidad de uno mismo.
Es una elección personal.

Luz_en_las_tinieblas

La importancia curativa del apoyo emocional

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