
Un lugar donde ser
Existe un tiempo y un espacio para detenerse, escucharse y volver a uno mismo.
Yo lo llamo Oamuk.
Te doy la bienvenida.
Quién soy
Soy Beatriz Marín y, desde hace más de veinte años, acompaño a personas en distintos momentos de su vida.
A lo largo de este tiempo he aprendido que cada historia es única, pero también que todos compartimos mucho más de lo que imaginamos. Tenemos necesidades parecidas, atravesamos etapas similares y, en algún momento, necesitamos detenernos, comprender lo que nos sucede y recuperar el contacto con nosotros mismos.
Hoy sigo aprendiendo cada día gracias a las personas que llegáis a la consulta y a las clases, a mis compañeros de profesión y a todas las personas con las que la vida me permite coincidir.
Cómo llegué hasta aquí
Cuando tuve que decidir a qué quería dedicarme, elegí la psicología buscando respuestas. Quería comprender mejor a las personas, comprenderme mejor a mí misma y entender un poco más el mundo que me rodeaba.
Con el tiempo descubrí que la vida no siempre nos ofrece respuestas inmediatas, pero sí nos brinda encuentros, experiencias y aprendizajes que nos ayudan a formular preguntas nuevas y a encontrar nuestro propio camino.
A lo largo de los años he seguido formándome y he ido incorporando distintas herramientas y perspectivas que me han permitido ampliar mi mirada y comprender a las personas desde una perspectiva más integradora.
La mirada que guía mi trabajo
Cada persona llega con una historia, unas circunstancias y unas necesidades diferentes. Por eso, no creo en las fórmulas universales ni en las respuestas prefabricadas.
Cuando alguien entra en la consulta, nos encontramos dos personas. La persona que llega, con su experiencia, sus dificultades, sus recursos y su potencial, y yo, con mi experiencia, mi formación, mi mirada y las herramientas que he ido incorporando a lo largo de los años.
Escucho, observo, pregunto, explico, propongo y acompaño. A veces trabajamos a través de la palabra; otras, a través del cuerpo, del movimiento, de una imagen, de una metáfora, de un dibujo, de un ejercicio o del silencio.
Ofrezco un espacio de confianza, presencia y calma en el que quien llega pueda entrar en contacto consigo mismo y mirar con más claridad aquello que está viviendo.
Con el tiempo he aprendido a reconocer aquello que ya existe en cada persona, incluso cuando todavía no ha podido verlo.
Y he descubierto que, cuando el encuentro es verdadero, pueden surgir nuevas posibilidades y desarrollarse capacidades, recursos y potencialidades que, hasta ese momento, habían permanecido ocultos o dormidos.
Un lugar donde ser
Creo profundamente en la capacidad que tenemos las personas para crecer, adaptarse y encontrar sus propias respuestas.
Mi trabajo consiste en ofrecer un espacio y un tiempo para detenerse, escucharse y volver a uno mismo.
Un lugar donde mirar sin miedo, comprender lo que sucede y descubrir los recursos que ya existen en nosotros.
Un lugar donde poder ser, sin juicio, sin exigencias y sin artificios.
Lo que he aprendido de las personas
He aprendido que, a menudo, solo vemos una parte de nosotros mismos. A veces porque hemos aprendido a protegernos; otras, porque determinadas experiencias nos han llevado a ocultar aspectos importantes de quienes somos.
También he aprendido que muchas personas son mucho más fuertes, más sensibles y más valientes de lo que imaginan.
Y he descubierto algo más: que, cuando existe el espacio adecuado, pueden aparecer recursos, capacidades y posibilidades que, hasta ese momento, habían permanecido ocultos.
Unas palabras para quien ha llegado hasta aquí
Si has llegado hasta aquí, quiero darte las gracias.
Gracias por dedicarte este tiempo.
Y, si sientes que puedo ayudarte, estaré encantada de recibirte.
Es tu turno
Cuéntame quién eres, qué te preocupa o qué te ha traído hasta aquí.
